Luna Miguel ronda los veinte años y ya tiene el currículum de alguien que le dobla la edad: poetisa, bloguera, columnista, traductora, modelo de portada para libros de otras autoras... algunos de sus poemas se han traducido hasta al suajili. Nos reunimos con ella en Barcelona, en una típica tarde primaveral de frío y calor para hablar de la vida y tomar unas cervezas. Bajo su nombre místico descubrimos a una mujer racional de contrastes: segura y tímida, profesional y cercana, pasional y relajada, oscura y angelical. Si una cosa nos queda clara es que, Luna, vive por y para la literatura y, si tuviera que declararse una persona espiritual, lo sería en devoción a una religión politeísta literaria con Bukowski, Pizarnik, Plath o Hughes como dioses. A continuación uno de los talentos y futuro del país.





